Los Cabos (Pravia),
V. DÍAZ PEÑAS
Para muchos, el color del otoño es el amarillento de las hojas caídas. En Los Cabos, esa coloración de vegetal seco se debe a las fabas que cuelgan de las edificaciones locales. Gran parte de la cosecha de este año se seca en las paneras, hórreos y otras construcciones típicas. El proceso de recolección de la legumbre aún continúa y ofrece un sinfín de tradicionales estampas, cada cual más llamativa.
Como comentaban ayer los propios vecinos, la cosecha de este año se presenta halagüeña. El buen tiempo ha permitido recoger la faba antes de que la humedad la «manchase». Además, esta semana el sol y la ausencia de nieblas han permitido que la legumbre secase en condiciones. Algunos ya han comenzado a mayar y a escoger las fabas para venderlas posteriormente. Un trabajo laborioso que da sus frutos en forma de uno de los productos más señeros del concejo.
Pero, aparte del trabajo de los vecinos, la faba de Los Cabos es especial por el lugar donde crece. Las vegas del Nalón son las que alimentan y dan fama a este manjar, que es una auténtica referencia en la región. «No es que la faba de Los Cabos sea mejor que la de otros sitios, lo que la hace peculiar es la excelente tierra donde se cultiva», comentaba ayer José Antonio García, cuyas fabas sirven de alimento en su casa y en la de sus hijos.
El proceso de secado de las fabas dura aproximadamente unos quince días, aunque también es verdad que depende de cómo venga el tiempo atmosférico. De ahí que las paneras, hórreos y pajares de Los Cabos luzcan un aspecto bien distinto. En algunos toda la cosecha luce en los corredores. En otros, parte de la producción ya ha sido retirada. Y en alguno que otro todavía quedan huecos para la faba que aún está por recoger. Así que en estos días el pueblo bulle en actividad y da síntomas de un medio rural que todavía vive.
En las próximas semanas, el color amarillo dejará paso al marrón de la madera de los hórreos. Los Cabos recuperará su aspecto habitual y las primeras fabas del año podrán ser compradas en los mercados y tiendas de la zona. Será la cata oficial de una cosecha que los agricultores califican de muy buena. Tras meses de trabajo, llega el momento de la satisfacción. A veces merece la pena esperar.