Grullos (Candamo),
Lorena VALDÉS
El silencio sobrecogedor de las personas congregadas ayer a las cinco de la tarde en la iglesia de Santa María de Grullos (Candamo) presidió la llegada de los restos mortales de César Fernández, el candamín de 49 años que falleció en la madrugada del domingo al ser arrollado por un coche en la localidad de Sandiche cuando se dirigía a Grado a trabajar en el mercado.
El féretro del fallecido fue llevado a hombros por sus familiares hasta el interior del templo, donde se celebró una misa multitudinaria en la que afloraron las muestras de dolor y llantos ahogados. César Fernández estaba casado y era padre de tres hijas. Ayer su familia asistía destrozada a su entierro. Después de la misa un coche fúnebre, repleto de flores, trasladó el cadáver hasta el cementerio municipal, donde el César Fernández recibió sepultura.