JUAN A. LÁZARO
A poco que cualquier persona haya tenido la amabilidad de leer alguna de las líneas que semanalmente escribo, se habrá dado cuenta de que las vegas infrautilizadas del bajo Nalón son una de mis mayores preocupaciones. Relacionada directamente con la problemática anterior está mi apuesta personal y profesional por las plantaciones de kiwis. Sin embargo, existe una serie de condicionantes que limitan el correcto desarrollo de esta especie originaria de China, entre los que destacan la temperatura o la pendiente del terreno, ya que el kiwi prefiere las vegas. Pero siempre hay un defecto que se convierte en virtud, y lo que no es muy bueno para los kiwis lo puede ser para los llamados frutos rojos, frutos del bosque o berries. Brañas, media montaña y paisajes similares se convierten en el paraíso para la producción de este tipo de frutos, cuya demanda se ha incrementado espectacularmente en los últimos años. Verde abajo y rojo arriba, la demanda moderniza la agricultura y genera nuevos paisajes de progreso. En Villavaler, Peñaullán y Soto ya lo han entendido bien.