CELSO PEYROUX
Ayer -hace de esto quince lustros- mineros y ciudadanos de estos valles que se habían sublevado contra el Estado en la llamada «Revolución de octubre del treinta y cuatro», deponian su actitud y se entregaban a la autoridad competente. Luego vendría una inesperada, brutal e innecesaria represión con cárcel, palizas y hasta muertes. Mal aconsejados, buscaban por aquel entonces los valores sanos de la utopía y de que un mundo mejor era posible. No fue así. En los días que corren aquella revuelta no tendría lugar por muchas razones, pero bien nos vendría dar un susto a más de uno con tanto tránsfuga, prevaricadores, ladrones, corruptos, deshonestos... Políticos que no dan la talla y que mejor estaban plantando berzas. En las próximas elecciones habrá que pedir a la fauna política: dignidad, respeto, honestidad, tolerancia y «savoir faire». Hoy, como siempre, la revolución empieza por uno mismo para evaluar cada día sus valores por el propio bien y el de la comunidad. Caminando de la mano hacia delante pero mirando para los que atrás se quedan descolgados. ¡¡¡Nunca más!!!