JUAN A. LÁZARO
Hablar de angulas siempre me resulta difícil, ya que cuanta más información y más datos tengo, menos claro lo veo. La evidencia nos dice que con el sistema actual no podemos seguir y en Cudillero y San Juan de la Arena así lo han entendido, pidiendo medidas de protección y limitación para la especie y su pesca. Este encomiable ejercicio de responsabilidad es la mejor muestra de que las cosas están a punto de romperse y nadie quiere ser el culpable. Resulta sencillo decir que se trata de un problema global y que todos formamos parte del mismo, pero la cruda realidad acaba con todo. Si las capturas siguen descendiendo de manera radical, como en los últimos años, no le resultará rentable su pesca a ningún profesional. Me preocupa la desaparición de la especie, pero también me incomoda pensar en el futuro de los que dependen directa o indirectamente de la pesca de la angula (restaurantes, intermediarios, pescadores). Todos sabemos que la angula no es el urogallo (ni el salmón es el oso), pero no debemos olvidar que las personas siempre deben ser tratadas como tal. La solución de muchos problemas pasa por tener en cuenta el factor humano.