MANUEL NOVAL MORO
Lo que debió haber sido provisional, la sede de la Policía Local, se convirtió en permanente. Lo que debió ser permanente, el uso comunitario de la plaza de abastos, está condenado a ser provisional. De lo primero es fácil encontrar culpables. De lo segundo no hay que culpar a nadie, sino a cada uno de nosotros. Ni asociaciones, ni políticos, ni vecinos nos atrevimos a decir lo que pensábamos en su momento, y los hechos se fueron sucediendo hasta llegar al punto sin retorno en el que estamos, muy al estilo de «Crónica de una muerte anunciada». Ahora todo el mundo habla, pero con la boca pequeña y en la intimidad, con los focos apagados. Eso es muy poleso. Nadie se mueve para conseguir cosas. Todo el mundo -yo me incluyo en el paquete- protesta cuando las cosas que no le gustan son ya una realidad inevitable. Después echamos la culpa al que manda o al árbitro. Las únicas excepciones, la campaña contra el traslado de la estación y aquella otra gloriosa para salvar el palomar del parque. Somos la meca del surrealismo.