DAVID ORIHUELA
La tarde y la noche del 23 de febrero de 1981 fue dura y de incertidumbre en toda España. Como Candás no podía ser menos fue más, y lo fue porque gobernaba la izquierda, los rojos en terminología de extremismos de una jornada extrema. Guardia Civil, reunión en el Ayuntamiento, alguna que otra lista con nombres de los que no apoyaban el golpe de Tejero y los suyos, y algunos camino del monte para esconderse. Pero la ligazón de Candás con el 23-F tiene también un nombre de mujer, el de la candasina María Teresa Álvarez, esposa del recientemente fallecido Sabino Fernández Campo, figura clave, según se dice ahora, de aquella noche con su ya histórico «ni está ni se le espera». Así que Candás rindió tributo el martes al general. El alcalde, Ángel Riego, acudió a Oviedo al funeral y posterior homenaje en el Campo San Francisco. Sintió que debía estar cerca de su vecina, María Teresa Álvarez, y así lo hizo, pero tuvo la elegancia de no ajustarse al protocolo y vivir su respeto desde fuera, sin salir en las fotos ni en las televisiones.