Pola de Siero,
Manuel NOVAL MORO
La bolera de Pola de Siero, la que ya se ha dado en llamar «La catedral», se estrenó a lo grande. Lleno absoluto en la grada, discursos de todo color, gaitas y tambores, y afición, mucha afición a los bolos. El público no sólo ocupó los 427 asientos, sino también el amplio espacio que hay tras ellos y la, en un futuro próximo, privilegiada barandilla de la zona del chigre, aún por instalar.
Uno de los comentarios más escuchados era que la bolera engañaba. Por fuera, el edificio no le gusta a casi nadie. Una vez dentro, todos están encantados salvo por una cuestión, el otro comentario que estuvo en todas las bocas, desde vecinos de a pie hasta autoridades: hacía mucho frío. La bolera, aunque techada, está abierta por proa y popa, y en días húmedos y ventosos, como era el caso de ayer, en algunos puntos la corriente castiga el cuerpo considerablemente. Ya se habla de buscar alguna solución, como mamparas, acristalamientos o toldos.
En la arena, Bernardo e Iván se disputaban la partida entre aplausos, exclamaciones de admiración y suspiros por algún desacierto puntual. En la grada el público estaba dividido. Se podía apreciar perfectamente en las caras quién había asistido a un acontecimiento social y quién a una partida de bolos. Estaban los que sabían contar y los que contaban los minutos que faltaban para que el campeón se subiera al podio. Bernardo no tardó en arrasar y ocupar lo más alto del cajón. A su lado, Iván, y algo más abajo, Pedro, de El Chalupu, tercer clasificado. En el suelo, el cuarto, Manolín, de El Arenal. Todos recibieron premios, medallas y agasajos oficiales, aunque nada comparado con el ganador, Bernardo, que se llevó un Nissan Micra.
La jornada comenzó con el acto oficial de inauguración protagonizado por el alcalde de Siero, Juan José Corrales; la consejera de Bienestar Social, Noemí Martín; el presidente del organismo autónomo ERA, Faustino Álvarez, y el presidente de la Federación Asturiana de Bolos, Desiderio Díaz. Fue este último el que abrió los discursoss agradeciendo a diestro y siniestro, pidiendo incluso perdón a Faustino Álvarez por su machaconería a la hora de tratar cada detalle del edificio, y también instando a la peña El Biche a que dedique «la ilusión y el trabajo» necesarios para que la bolera funcione.
El Alcalde, por su parte, volvió a demostrar que se sale del tono habitual de los discursos hablando, en plan Martin Luther King, de que había tenido un sueño la noche anterior, pero en este caso se trataba de un sueño bolístico en el que un elenco de lo más variopinto que iba desde Sabino Fernández Campo hasta el mítico jugador local «Cajetilla» ocupaban la nueva bolera. Y del sueño pasó a la realidad del edificio recién estrenado, al cumplimiento de un objetivo anunciado muchos años atrás y que parecía que no iba a llegar a materializarse, y saludó a todos los asturianos que, en Asturias o dispersos por el mundo, estaban viendo la retransmisión de la partida por la TPA.
Tras la partida, todos, las autoridades a pie de hormigón y los deportistas en el podio, se cuadraron para escuchar el «Asturias patria querida» interpretado por la banda de gaitas Conceyu de Siero desde la arena. Eso fue todo y la gente, como un río, fue dejando la bolera sola hasta la próxima ocasión.