MELCHOR FERNÁNDEZ DÍAZ
A la bolera cubierta que ayer se inauguró en Pola de Siero han comenzado a llamarle «La Catedral», sin duda por alusión a sus grandes dimensiones. Como la gran nave abovedada está abierta por los extremos, se presta a ser comparada también con el Túnel del Tiempo. En la mañana de ayer, además de aire frío -habrá que cerrar esos fondos para que el recinto sea definitivamente confortable- circulaba por ella el viento de la Historia ¿Qué pensaría Raimundo Sánchez Suárez, «Cajetilla», considerado por muchos el mejor jugador de cuatreada de la época reciente, fallecido en 1949, si hubiera tenido ocasión de verla ayer, atestada por más de quinientos espectadores para asistir al enfrentamiento entre dos jugadores que, como premio al vencedor, se disputaban nada menos que un coche, el mayor premio que se haya dado nunca en Asturias en una competición de bolos? «Cajetilla» y quienes le precedieron y muchos de los que le siguieron estaban más acostumbrados al calor popular que a la suntuosidad de las instalaciones, y más a las apuestas que a los premios. Ellos eran las eminencias que sobresalían del juego de los bolos, cuando éste era, ante todo, un pasatiempo popular; muy popular incluso. Ahora los bolos, y la cuatreada en concreto, han desaparecido prácticamente como juego, en la medida en que lo han hecho las pequeñas boleras en las que cualquiera podía jugar como entretenimiento. Pero instalaciones como las de la Pola certifican que se consolidan como deporte. Hay que asumir este cambio no sólo como algo normal, sino incluso como muy positivo, casi una hazaña, porque demuestra que, desde su pequeña parcela, han tenido capacidad para consolidar un espacio propio en medio de la tremenda oferta deportiva actual.
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