JOSÉ A. ORDÓÑEZ
La denuncia vecinal es común en Villaviciosa y en Nava. El pueblo llano se queja de la escasez de espacios públicos para que jueguen los niños. Tal carencia -comprobada- es un síntoma de la deriva que han tomado nuestras villas en los últimos años, a causa, entre otras cosas, del desorganizado y poco fundamentado afán urbanita de buena parte de los munícipes que nos han tocado en suerte. Salga de paseo y comprobará que cada vez hay menos zonas verdes y que apenas quedan ya espacios libres para el columpio. El adulto, con sus adorados coches, lo va ganando todo, hasta el punto de que el asfalto y el hormigón están acabando por ahogar las risas y los gritos de alegría de los niños que antes jugaban ahí mismo, al lado de su casa. Es una verdadera pena, porque ver y escuchar a esos críos disfrutando de la calle supone un estímulo psicológico de primer orden para unas poblaciones que podrían ser encantadoras pero que se nos vuelven más tristes y menos verdes. El gris es su color.