MANUEL NOVAL MORO
Siero-Este tiene bastantes edificios guapos, y la torre que tanto se critica no me parece su mayor defecto. Pero es un sitio feo. Y lo es no por la arquitectura, sino por el diseño urbanístico. No hubiera sido muy difícil emular a escala los ensanches de cientos de ciudades. Calles anchas y largas, espacios abiertos, alturas proporcionadas, zonas verdes. En su lugar se han construido edificios en bloques metidos por sí mismos, sin apenas espacios verdes, en realidad sin espacios de ningún tipo. La Pola vuelve a caer de nuevo en la trampa de su propia ambición. Le restamos espacio al territorio común para que el negocio siga siendo redondo como siempre. La crisis ha ralentizado esta vocación de apisonadora del urbanismo local, pero no ha acabado con ella. Pronto se olvidará todo y volverán las aguas a su cauce. Pero tampoco es para ponerse triste a estas alturas. La Pola está perdida desde hace tiempo. Los desmanes han sido muchos, y este nuevo hace tanto daño como si alguien escupe en un cubo de caca.