CELSO PEYROUX
Cumplo en estos días un cuarto de siglo como cronista oficial de estas tierras. No tiene la fecha trascendencia alguna, pero han ocurrido desde el nombramiento -y mucho antes- múltiples eventos y de todos ellos se ha dado santo y seña. Algo haremos, no obstante, para recordar aquella fría jornada de otoño intentando reunir a los cronistas de Asturias; que somos muy pocos y dialogamos menos. En la asamblea, amable, nostálgica y con horizontes nuevos propondré las tres preguntas metafísicas de rigor: ¿dónde estamos?, ¿quiénes somos? y ¿qué hacemos aquí? También dejaré sobre la mesa el cambio de «cronista oficial» por el de «cronista del pueblo». Tiene su enjundia. No sería elegido por una Corporación municipal, sino por representantes populares: asociaciones, colectivos, foros? y una delegación del Ayuntamiento en cuestión. Así se evitaría que cortaran o intentaran cercenar las alas al mensajero. Un cronista es alguien indispensable y esencial. Seguiremos hablando porque hay mucha tinta por delante.