VICENTE A. MONTES ÁLVAREZ
Las declaraciones de un sierense han desatado la semana pasada una polémica a nivel nacional que se reflejó en todos los medios, y que en tertulias suscitó acalorados debates. Don Juan Antonio Martínez Camino, como saben, manifestó que quienes apoyen el aborto no podrán comulgar. Y esto tan lógico en boca de un obispo, porque la doctrina católica así lo manifiesta, levantó ampollas en quienes pretenden que la cultura, la vida y las costumbres han de ser como ellos consideran o a ellos les conviene. Nuestra sociedad tolera mal las normas y hay quienes consideran que los paradigmas se pueden romper cuando a ellos les apetece. Aplicando el sentido común, para los no católicos, lo de nuestro paisano habría de tener la misma importancia que tienen para quienes lo son, las opiniones morales del imán de Kabul; para los católicos, el discurso es el esperado. Así pues, no se entiende el porqué del conflicto.
Aunque, pensándolo bien, quienes más énfasis pusieron en protestar por la manifestación de don Juan Antonio lo hicieron por su interés en que comulguemos diariamente, pero con ruedas de molino.