Piñera (Cabranes),
Mariola MENÉNDEZ
El cabranés Leopoldo Palacio Carús ha convertido su casa natal de Piñera en un museo en el que expone más de 2.000 piezas de cerámica asturiana y un número importante de elementos etnográficos. Como no podía ser de otro modo, se confiesa un enamorado del coleccionismo y de las antigüedades. «Llega a ser algo obsesivo», admite. Leopoldo Palacio afirma que no tiene predilección por ningún objeto de su rica colección, porque «la pieza favorita siempre es la última que encuentras».
Este cabranés cuenta que la afición le llegó a los 14 años, cuando se inició coleccionando monedas, y la cerámica le cautivó al descubrir en la casa de sus abuelos maternos un número notable de piezas. Poco a poco le fueron llegando a sus manos objetos a los que sus propios dueños no les daban importancia y su labor fue la de catalogarlos. Señala que tiene representación de casi el 98 por ciento de los concejos asturianos, «desde Andinas, en Colombres, hasta Llamas del Mouro, en Cangas de Narcea».
La planta baja de la casa familiar alberga una muestra de la cerámica negra del Principado. Palacio Carús explica que el barro se cuece por reducción y al tapar el horno se mezcla con el humo, lo que le otorga este color característico. En esta sección destaca el elemento más antiguo de cuantos exhibe: un contenedor de embutidos creado en Ceceda, ya que esta localidad naveta fue de tradición alfarera. Palacio Carús data esta pieza en el siglo XVII. Pero este cabranés no olvida que «casi todos los alfareros asturianos salieron de Faro (Oviedo)». Agrega que entonces era un oficio poco valorado. «Eran más bien trashumantes que iban con el burro y la rueda», dice.
Leopoldo Palacio guarda también «les ferraes» o recipientes que entonces se empleaban para traer agua de la fuente, los pucheros en los que se cocinaban las sopas de San Martín con el hígado procedente de la matanza del cerdo y arroz con leche. No faltan antiquísimas queseras, ollas, toneles, recipientes diversos y el botijo de un aguador. Palacio Carús recuerda que de origen cabranés eran muchos de los aguadores que se ganaban la vida en Madrid.
En la primera planta se exhibe una colección de la cerámica blanca y azul que se elaboraba en Vega de Poja (Siero), del siglo XIX, y que, según el comisario de la exposición, acabó con la cerámica negra por su mayor calidad, al ser esmaltada y tener doble cocción. La cerámica de Gijón también tiene cabida en esta sala, con bebederos para animales y jarras para sidra. Incluso, Palacio Carús dispone de una llamativa colección de las emblemáticas huchas con forma de cerdo. Ha reunido colecciones de tijeras de forja, amuletos, imágenes religiosas, aperos de labranza, piezas de madera, planchas, jarras de miel, utensilios para cardar, herramientas de carpintero y de madreñero, etcétera, además de una singular muestra de cuernas. El Museo de la Cerámica se visita con reserva previa.