JUAN A. LÁZARO
Desde hace ya varios años, en algunos lugares del bajo Nalón me han cambiado el apellido y, en lugar de Juan Lázaro, me llaman Juan el del Proder. Tan curioso apelativo se debe a mi trabajo en el Programa de Desarrollo Rural del bajo Nalón (Proder), con el que llevo guerreando desde hace tiempo. Dicen que el personaje muchas veces se come al actor que lo interpreta, y viceversa, pero creo que en este caso convivimos sin mayor problema, gestor, mote (cariñoso) y programa. Al margen de la valoración que cada uno tengo de la tarea profesional desarrollada en Pravia, Soto y Muros, esta curiosa asociación de ideas me llena de satisfacción, ya que esto del desarrollo rural moderno muchas veces es cuestión de fe y sentimiento, más que de millones de euros y procedimientos eternos. Desde la vetusta atalaya capitalina resulta demasiado fácil exigir lo normativamente establecido (como deber ser), pero qué difícil les resulta entender lo que día a día vemos y sentimos los más cercanos al terruño. Compatibilicemos burocracia y sentido común.