FRANCO TORRE
Siempre he dicho que Noreña parece sacada de una película de Fellini, pero esta última semana, con la que está cayendo por la ley de Memoria Histórica, se parece más a Brescello, aquel pueblecito de la Italia de posguerra en el que Giovanni Guareschi ambientaba las disputas entre el cura don Camilo y el alcalde comunista Pepone. Como si alguien tratase de reivindicar la obra de Guareschi, Noreña se ha dividido entre «camaradas» y «camilos», entre aquellos que suspiran por la aplicación de la ley y los que tratan de salvar la calle de Camilo Alonso Vega de la quema. Hoy les toca el turno a nuestros líderes políticos, en quienes me gustaría ver el espíritu de don Camilo y Pepone, debatiendo con cordura y sin caer en la tentación de la abstención. Hoy les toca dar la cara, definirse en un sentido u otro y apoyar con argumentos su posición. Porque los vecinos de Noreña lo merecen, las víctimas lo merecen e incluso ese otro «don Camilo», el que está en medio de la polémica, lo merece. De una forma u otra.