CELSO PEYROUX
Y un día, empujado por vientos de bonanza, el destino llevó al cronista a otras tierras. De la cumbre de Sobia hasta Las Almenaras desde donde se divisa la planicie manchega. A los pies del viajero, Al-Karas sobria y pétrea, ciudad mora, rodeada de una abrupta sierra. A lo lejos, Al-Basit (villa de navajas), y un poco más allá, el farallón de Chinchilla. Ligero de equipaje pero con cálamo bien tajado y voz templada recogió historias, leyendas, cuentos y relatos por pueblos y aldeas. Nacía poco después un romancero, «Los clamores del viento». Luego vendrían pregones festeros, recitales, aulas y talleres de poesía, para niños y ancianos, guías turísticas y un manojo de actividades culturales donde Asturias siempre estaba presente: Ángel González y sus luces del otoño, Camín y la añoranza, Botas, Almuzara, Fueyo? Y otro día, gentes de bien decidieron clamar al viento premiando al viajero. Desde este otoño, una biblioteca lleva su nombre. Bono lo abrazó y le dio las gracias. El pueblo llano también lo hizo y lo adoptó. Dejemos hablar al viento.