Proaza / Santo Adriano,
V. DÍAZ PEÑAS
La osa «Tola» ya se prepara para la llegada del invierno y ha comenzado a dar sus primeros bostezos. Y será una hibernación de lo más especial, pues cuando ésta acabe se dará respuesta a la pregunta del millón: ¿habrá sido fecundada por «Furaco»?
Durante las últimas semanas, la osa se ha dejado ver por el cercado del monte Fernanchín de manera discontinua. Faltó un día, apareció al siguiente, volvió a desaparecer un par de jornadas y luego se volvió a dejar ver. Y desde hace una semana su ausencia ha sido más constante. Desde el pasado sábado no se la ha vuelto a ver. Es el paso previo a una hibernación que será clave en el proceso de reproducción del animal, que, junto a su hermana «Tola», son los únicos ejemplares de oso pardo cantábrico que viven en cautividad.
Su cuidador, Roberto García, asegura que «Tola» está a punto de entrar en la osera para pasar el invierno. «No haberla visto desde hace una semana puede indicar que es el inicio de la hibernación, aunque también es posible que vuelva a aparecer. Lo que está claro es que los meses de diciembre y enero suelen ser los que marcan el período de letargo. Así que si no ha entrado en la osera, poco debe de quedar», comentó.
Una vez que «Tola» se eche a dormir, entrará en uno de los inviernos más importantes de su vida. Después de mantener varias montas con «Furaco» -el oso cántabro sigue en el cercado de al lado junto a «Paca»- durante la pasada primavera, la hembra podría afrontar en los próximos meses un posible alumbramiento que todo el mundo espera. De estar preñada, el embrión habría empezado a desarrollarse ya y el esbardo- uno o dos suele ser el número habitual de crías- nacería en enero.
Como señaló Roberto García, el tiempo que la hembra pase en la osera será un indicador del posible embarazo. Normalmente, si las osas no tienen crías suelen terminar su hibernación entre febrero y marzo. Sin embargo, si la hembra tiene descendencia no abandona su refugio hasta bien entrada la primavera, entre los meses de abril o mayo. «Si la vemos merodear por el cercado en febrero, seguramente no habrá tenido descendencia. Sin embargo, si no se deja ver hasta más adelante, sería una buena señal», comentó el cuidador.
Las crías de oso suelen nacer a finales de diciembre o principios de enero. Los esbardos recién alumbrados pesan entre 300 y 400 gramos por el corto período de gestación. De ahí que tenga que pasar un tiempo en la osera alimentándose de la leche materna para poder salir fuerte de la osera. Normalmente, los pequeños osos no salen de la cueva hasta que tienen tres o cuatro meses. Es entonces cuando su progenitora les enseña a moverse por la naturaleza.
Mientras «Tola» se prepara para el invierno, «Paca» y «Furaco» hacen lo propio, aunque se les ve más en su recinto. Sus movimientos se van haciendo más pausados. El macho ya ha preparado su encame en el interior de la jaula y sus siestas son cada vez más intensas. «Paca» sólo se deja ver por la mañana.