JUAN A. LÁZARO
En verano me gusta hablar del invierno, y en invierno, del verano. Me reconforta hablar de bañadores y calor protegido tras un caldo de pitu caleya, y de nieve y frío camuflado tras un bombón de nata. Resulta extraño hablar a estas alturas del inicialmente controvertido festival Derrame Rock praviano. Lo que inicialmente parecía una peligrosa invasión de melenudos y melenudas que iban a tomar la Villa de Silo ha pasado a ser probablemente el mayor evento lúdico festivo (Xiringüelu excluido) del verano praviano. Muchas veces lo nuevo pasa a ser clásico sin darnos cuenta. El evento va mas allá de las fronteras astures y jóvenes (y no tanto), de otros lares acuden a escuchar a «Turbonegro», Rosendo, «Ilegales» y otros grupos míticos y de diverso pelaje. El elenco combina cada año decadencia rockera, modernidad transgresora y variedad acústica. Resulta curioso ver cómo en otros parajes se obstinan en reinventar lo que todo el mundo hace (mercados tradicionales, jornadas gastronómicas, romerías cutres?), mientras que en Pravia se acogió con ilusión lo que otros no querían.