JOSÉ A. ORDÓÑEZ
Fue hace pocos días, en una librería de Oviedo. Buscaba alguna novedad en la sección asturiana cuando localicé el censo de hórreos y paneras de Villaviciosa, volumen muy bien editado por la Fundación José Cardín. No tuve falta ni de fijarme en el nombre del autor. Sólo podía ser Rafael Balbín, el brillante etnógrafo maliayés fallecido de muerte repentina, en plena juventud, hace cuatro años. Rafa, como le conocíamos, fue corresponsal de este periódico en Villaviciosa cuando yo lo era en Nava. Charlamos en muchas ocasiones y siempre me supo transmitir esa enorme pasión que sentía por su concejo. Podía hablar horas y horas, con el mayor de los entusiasmos, sobre los molinos del Profundu o sobre aquella panera de cualquier pueblín. Era lo suyo. Por eso, cuando vi el censo, tan lujoso y bien tratado, sentí una especial satisfacción. Rafa lo merecía. Se ha hecho justicia con una persona que quiso tanto a Villaviciosa y que siempre trabajó en la defensa y promoción de un patrimonio histórico y cultural que hizo suyo.