Grado,
Lorena VALDÉS
«Los hermanos Pou han conseguido abrir una vía estratosférica en el Naranjo de Bulnes el pasado mes de septiembre, así que sólo puedo decir que chapó por ellos y mostrarles toda mi admiración ante algo que parecía imposible». Así de rotundo se mostró ayer el montañero asturiano Jorge Egocheaga en el cierre de las Jornadas de divulgación de la montaña que organiza el Grupo Montañero Moscón y que este año cumplieron su XVI edición.
El médico y montañero, de carácter reservado, compartió con los aficionados a la montaña moscona, que llenaron la sala polivalente de la Casa de la Cultura, el vídeo «Pura vida», que recoge en primera persona la experiencia vivida por el deportista en su ascensión al Gasherbrum II (8.035 metros) en Pakistán en junio de 2008. Egocheaga anotó en ese momento el séptimo «ochomil» en su libro de récords.
La voz de Jorge Egocheaga acompaña en la película a unas espectaculares imágenes nevadas, que causaron más de un suspiro entre el público. La cinta se estructura en tres partes: la ayuda humanitaria en la aldea paquistaní de Hushe, la ascensión exitosa al Gasherbrum II y un intento fallido en el K2, quedándose a tan sólo 300 metros de la cima. El año pasado sin embargo, logró su objetivo, en un nuevo intento.
El montañero ovetense ofrece en este viaje su lado más solidario con los habitantes de Hushe, un lugar en el que la esperanza de vida no supera los 55 años y en el que es frecuente que la población infantil se muera por el mal estado del agua que consume. El asturiano se vuelca con un pueblo que le muestra a cada minuto su gratitud. Poco amigo de los elogios, se mostró contundente ante las alabanzas de los moscones. «La montaña es mi pasión y la medicina mi vocación, pero lo verdaderamente importante para mi en la vida es ser una buena persona».
En el vídeo, el montañero recuerda una y otra vez a su amigo Iñaki Ochoa de Olza, fallecido en mayo de 2008 en el Annapurna. «Iñaki, te echo de menos», no se cansa de repetir. El aplauso del público, otra vez rotundo.
Egocheaga vive el presente sin planear el futuro. Por eso, cuando se le pregunta por sus proyectos responde, sin titubear: «No tengo». Ahí se termina la conversación, el montañero prefiere expresarse a través del lenguaje que mejor domina, el de la montaña.