DAVID ORIHUELA
Era una parada de diligencias, de esas que vemos en la tele y que en Asturias eran poco más que un carro tirado por un par de bueyes. Luego fue parada de autobús a la que acudía un guaje que ahora es un señor muy importante. Siempre fue chigre para los vecinos de la zona y aún lo sigue siendo. Allí iba el gran Marino Busto, con todos sus pros y sus contras, a tomar sidra. Y los viajantes tomaban cafetín y los despistados y hambrientos, pincho de tortilla. La fabada viene de siempre, «ye lo que hay» en las casas asturianas cuando el invierno aprieta. Lo de la cocina viene de casa, de familia, y no puede venir de mejor sitio. Pedro Morán es un grande de España (o al menos de su cocina), y no sólo por lo que es capaz de cocinar sino por todo lo que tiene a la espalda, y en buena parte tiene nombre de mujer. De su madre, ahora nombrada madrina, o matriarca o reina o lo que sea de la caldereta. Si Casa Gerardo, en Prendes, es un restaurante con estrella Michelín pero en los que se come como si estuvieses en casa de mamá, es porque Pedro, y ahora Marcos, siempre han hecho caso a las mujeres de la casa.