VICENTE A. MONTES ÁLVAREZ
La semana anterior en última página de este diario aparecían jóvenes en ropa interior con símbolos de clubes de fútbol y, puestos a pensar, es posible que los futboleros puedan sentir cierto repelús satisfactorio por la proximidad de su club a la íntima piel. Lo que parece un gran avance es lo de esas prendas en las señoras: en esos días que el compañero no se entera de una, la visión sobre la piel femenina del club de sus amores, puede despertarle la más ardiente de las pasiones; sin embargo, en los otros días, esos que las mujeres convierten en un ¡buf! los escarceos amorosos, luciendo ella los colores y símbolos del club antagónico, padecerá el varón una repentina depresión de la líbido y la bella no precisará acudir a los dolores de cabeza o vientre para la disuasión. El único inconveniente de este asunto es que al menos es necesario que ellas adquieran dos conjuntos íntimos y los tiempos no están para muchos gastos; así que las mujeres seguirán acudiendo a sus armas tradicionales para tentar al varón, o a los tan socorridos dolores cuando el horno no esté para bollos. Cosas de la crisis.