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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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MANUEL NOVAL MORO Argüelles (Siero),
Manuel NOVAL MORO
Hacía muchos años que la localidad sierense de Argüelles no tenía una «cosechona» como la de 2009. Los productores agrupados en la sociedad civil «San Martín» han asegurado que este año se han recogido cerca de diez toneladas del producto. En esta ocasión, la satisfacción de los cosechadores es doble si se tiene en cuenta el contraste con el año pasado, que vivió una de sus peores cosechas, con el ochenta por ciento del producto arruinado. Y es que la faba es uno de los productos más delicados y que más dependen del tiempo para salir adelante.
El año pasado ni siquiera hubo feria de les fabes. No había producto para vender. Este año, sí, se ha podido restablecer la tradición. La fiesta de San Martín se celebró por todo lo alto en la parroquia. El tiempo no fue nada bueno, lluvia y frío casi todo el día, pero en ese momento ya no importaba. Lo importante era que acompañase el tiempo cuando era importante: durante la plantación, el crecimiento, la cosecha y el secado de les fabes. Que llueva el día de la feria es un contratiempo menor.
De hecho, la denominación de origen de Argüelles tiene una capacidad de atracción suficiente para que los clientes acudan a comprar haga el tiempo que haga.
Según explicaron los productores, de la tonelada de fabes de la marca Vegargüelles que se puso ayer a la venta en las escuelas de la localidad, se vendió el noventa por ciento en las cuatro horas que duró la feria, entre las once de la mañana y las tres de la tarde.
En esas horas, hubo tiempo para celebrar una misa solemne en honor de San Martín, cantada por el coro mixto «Reconquista», para escuchar la actuación de la banda de gaitas local, «El Piñote», y para degustar fabada y arroz con leche.
Otro de los momentos importantes de la jornada, con una tradición ya muy arraigada, fue el de la subasta de ofrendas. En esta ocasión, causó baja el maestro de ceremonias habitual, Amable Patayo, por razones al cincuenta por ciento de salud y de agenda, y fue sustituido por Francisco Bobes, «Pachu», que estuvo a la altura de las circunstancias y también a la misma altura física que Patayo, subido encima de la mesa para hacerse ver mejor.
Las mayores ganancias de los productores no se dan en la feria. Aquí se vende una pequeña cantidad del producto. Pero las razones no son sólo económicas. Se trata de compartir con la parroquia una de sus riquezas y también una de sus señas de identidad. De ahí que todo el pueblo se vuelque en las celebraciones y acuda a todos los acontecimientos. El remate de la jornada pertenece ya al ámbito privado. La tradición manda que las familias se retiren a sus casas, solas o con invitados, a compartir fabes (de Argüelles, por supuesto) y arroz con leche. Es lo que hicieron ayer todos los vecinos. Qué mejor forma de sentirse unido a una tierra y a sus habitantes que compartir ese estado de satisfacción y somnolencia que sigue siempre a una buena «fartura» de fabes.
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