CELSO PEYROUX
En estos días todas de blanco y algunas turbulentas y con temporales a la vista. Cumbres para todos los gustos y estilos: afiladas, redondas, desoladas, irreconciliables. Mantel verde emulando las laderas y alfombra roja cual pétalos de amapola tan efímeros como el asunto que en ellas se trata. Cumbres, flores de un día. Kioto, Río de Janeiro y ahora Copenhague no lejos de una sirenita varada que se muere de vergüenza. Y, de pronto, caminando con sus pesadas botas de guerrillero y «Kalashnikov» al hombro, irrumpe sobre el tapiz floreado, Conan, el Bárbaro, esto es, Arnold Schwarzenegger como apóstol del clima. Nunca se debería permitir la entrada a una cumbre a quien firma sentencias de muerte. «Terminator». Es decir, quien termina con la vida. Por estos valles mejor contemplar nuestras cumbres nevadas y apagar en los pueblos los cientos de faroles inservibles que no alumbran a nadie. Mejor ocuparnos de nuestros bosques y pastizales llenos de «rades» y «felecho» o del «güertu dentecasa» plagado de ortigas. Mejor una colecta de alimentos y vestidos a lomos de la burra que va hacia Belén para los que nada tienen. ¡Feliz Navidad!