VICENTE A. MONTES ÁLVAREZ
Pocas películas tienen, a mi juicio, la calidad de la que lleva este mismo título. El incruento placer de la teatral venganza, magníficamente interpretada por Robert Redford y Paul Newman, es un antídoto para la violencia. A Dios gracias, hay quienes entienden que la manera más civilizada de dar a alguien su merecido es el ejercicio de la inteligencia. Recientemente oí comentarios relativos a un comportamiento casi licencioso en Italia de alguien que debiera haber sido símbolo de la autoridad en cierta embajada de la cultura y bonhomía de los sierenses. Con estas cosas, no es de extrañar que una palabra tan napolitana como «camorra» para muchos filólogos procede del antiguo término español «gamurri» (líder de una pandilla). Lo que está claro es que en la «Bota» hay quienes entienden que el golpe ha de darse en el rostro, con puño preñado de hierro para que dientes y nariz se hagan añicos, sobre todo cuando el aroma de las «velinas», el vaho etílico y otra serie de excesos hacen olvidar que el poder dado a grandes y pequeños proviene del pueblo y hacia el favor de él ha de ejercerse.