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MARIOLA MENÉNDEZ MARIOLA MENÉNDEZ Quintueles (Villaviciosa),
Mariola MENÉNDEZ
Las fiestas navideñas suponen altos índices de ocupación para los hoteles de mascotas. Ellas también tienen derecho a disfrutar de una estancia de lujo, en la que, sobre todo, se les permita esparcir, disfrutar de compañía y gozar de una alimentación adecuada, asegura Maya Gunther, propietaria de un alojamiento de estas características en la localidad maliayesa de Quintueles. «El Pinar del Rey» está a punto de colgar el cartel de completo para Nochebuena y Nochevieja, ya que los propietarios aprovechan estas fiestas para darse un respiro, pero dejando en buenas manos a sus mascotas.
De hecho, los dueños de los animales acostumbran a entregar un completo historial para aportar un mayor conocimiento de su comportamiento y costumbres. La mayoría pasan su estancia en este hotel con sus objetos de apego (como los niños cuando se quedan en la guardería). Los más habituales son el cojín, la manta o su juguete preferido, igual que si fueran los más pequeños de la casa. Incluso los hay caprichosos, como un dálmata que se dormía subido a una silla de director de cine, cuenta Maya Gunther. «Aquí pasa de todo, no nos aburrimos nunca», señala.
Muchos de sus dueños llaman por teléfono al hotel cada día de estancia para interesarse por su mascota. La experiencia de Maya Gunther al frente de este establecimiento le reporta muchas anécdotas.
Una de ellas es la protagonizada por una pareja de novios que quiso darse el sí quiero con el perro presente. Así que una trabajadora del hotel les llevó el can a la iglesia de Gijón en la que contrajeron matrimonio y luego se lo llevó de vuelta al hotel, donde él también pudo celebrar de una forma más canina y con otros animales esta celebración familiar.
La mayoría de los clientes de este establecimiento son perros y gatos, pero cada vez más reciben otro tipo de mascotas como hurones, unos animales de compañía que se están poniendo de moda ¿el principal problema? El fuerte olor que despiden, apunta Maya Gunther. También hay hueco para ponis, caballos, conejos o pájaros. Uno de sus inquilinos más exóticos ha sido un papagayo.
La responsable de estas instalaciones destaca otra curiosidad: los perros suelen asemejarse a sus dueños en el carácter y algunos, hasta físicamente. Rechazan ofrecer estancia a razas consideradas peligrosas por su agresividad, excepto en el caso de animales habituales del hotel.
Otro dato llamativo que aporta Maya Gunther es que «cada vez hay más perros que están con medicación». Unos para las alergias a elementos tan diversos como el polvo, el pienso o las pulgas. Otros necesitan medicinas para la ansiedad. Gunther lo achaca a la falta de dedicación que reciben de sus dueños, quienes apenas tienen tiempo para cuidar de sus mascotas y pasan demasiado tiempo solos en casa; también lo atribuye a que algunas son razas no compatibles con el tipo de vida de sus propietarios. «Hay que asesorarse primero», recomienda Gunther.
Agrega que «alguien que trabaja nueve horas al día no está para tener un perro porque acaba teniendo problemas y enfermedades».
El perfil de los clientes de estos hoteles son personas de clase media-alta que viven en ciudades, sostienen en el centro. Maya Gunther denuncia que muchos de estos establecimientos son ilegales, lo que daña a los que sí están en regla y ofrecen los servicios adecuados.
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