BRAULIO FERNÁNDEZ
Candás,
Braulio FERNÁNDEZ
El belén que se aloja en el santuario del Cristo de Candás es una pequeña película de varios minutos. Tiene algo de antigua película de cinemascope, con efectos visuales y sonoros primitivos, más bien artesanos, pero en lo que más se parece es en su composición. Si en el cine de entonces abunda el cartón piedra, en el nacimiento de Candás lo hace la espuma aislante que de otra manera sólo se encuentra bajo las paredes de los edificios. Todo el belén candasín, excepto las figuras, medio millar con más de medio siglo de antigüedad, está hecho con esta espuma.
«Hemos usado espuma aislante y espuma de bote, utilizando varias técnicas que con el paso de los años hemos mejorado», explica uno de los autores, Jesús Villalón. «Para crear los relieves aprendimos el uso de los disolventes y para deformar la espuma aplicamos calor, pero con el tiempo hemos descubierto propiedades que desconocíamos», explica este feligrés, que junto a otros cuatro -Genaro Suárez, Fernando Álvarez, Mauro Izquierdo y Ángel Martínez- recorre año tras año la geografía asturiana para «aprender observando de otros nacimientos».
En esta escena de la Natividad, los actores no interpretan ni se mueven, pero todo lo que les rodea sí. De esta forma amanece, mientras la bruma emerge de las inmediaciones del río. A medida que pasan los minutos se hace la luz y una sinfonía de efectos sonoros acompaña el transcurrir del día. Mientras cae la noche, la luz se hace en el portal donde se hallan la Virgen, José y el Niño.
Además, y gracias a la combinación de elementos electrónicos, informáticos, e incluso demóticos, se reproducen tormentas con truenos y relámpagos. Estos procesos son controlados por un autómata diseñado para desarrollar cada tarea. En la escena de este año, ha destacado la mejora en detalle de los decorados, así como la incorporación de un molino de trigo.