MANUEL
NOVAL MORO
Un político decía el otro día en un Pleno de Siero que él no estaba ahí por los votos. Es la segunda vez que lo oigo. Otro venía a decir hace unos meses que si los políticos trabajaran con la vista puesta en los votos estaríamos apañados. Esta frase provocó mucha risa en algunos de sus vecinos de asiento menos ingenuos o más sinceros consigo mismos y con los demás. Porque sin los votos, irremediablemente, te vas a tu casa. Lo lógico sería decir que uno tiene límites, que no está dispuesto a hacer cualquier cosa para conseguir votos. Pero decir que los votos te dan igual o que no actúas pensando en ellos es ingenuidad o cinismo.
Es como si un empresario dice: yo no estoy aquí para ganar dinero. Es cierto que además de ganar dinero o recabar votos se pueden hacer muchas cosas, se puede beneficiar a la sociedad, o a un grupo de personas, pero también lo es que sin ese sustento (votos o pasta) no podrías hacer tu trabajo.
La gente tiene por costumbre meterse con los políticos, y quizás en muchos aspectos tengan razón en lo que dicen. Yo creo que, sin eludir las críticas, que son necesarias, hay que ser algo piadosos y benévolos de vez en cuando.
Sólo hay que pensar en la papeleta que tienen. Están obligados a mostrar un interés sin límite por cosas que no interesan a nadie; están obligados a decir, en ocasiones, lo contrario de lo que piensan, y en eso todos tenemos la culpa, porque a los sinceros los machacamos. Están irremediablemente abocados a ocultar siempre sus propios intereses (algo que en otros campos como la empresa o la familia en muchas ocasiones no es necesario) y demostrar todo el tiempo que buscan el bien de los ciudadanos. Y ciudadanas. Tiene que ser agotador.