FRANCO TORRE
Noreña, Franco TORRE
«A eso de las tres de la mañana, partieron los cuatro caballeros noreñenses nevando y sin Luna, con la apreciada carga y un poco de miedo; llevaban los faros apagados y la complicidad de la nieve aminoraba sus ruidos. Atravesaron el pueblo de Tamariz que dormía plácidamente. Solamente el anciano sacerdote, aún cobijado bajo el toldo, les decía adiós». Así narra Emilia Colunga, en su artículo «La azarosa historia de los otros altares», publicado en el porfolio de las fiestas del Ecce Homo de Noreña de 2003, la salida de la comitiva noreñense que adquirió en Tamariz de Campos, provincia de Valladolid, el retablo de la capilla del Ecce Homo. De ello se cumplen seis décadas.
Un cumpleaños que cobra actualidad después de que en Noreña se acabe de retirar la calle al general y ministro franquista Camilo Alonso Vega en cumplimiento de la ley de Memoria Histórica. Alonso Vega tuvo mucho que ver en la llegada del retablo al templo de la Villa Condal.
La historia de los retablos de Noreña ha dado pie a numerosas leyendas que hablaban del supuesto expolio de las piezas de sus parroquias de procedencia, Torrelobatón y Tamariz de Campos, merced a la mediación de Alonso Vega. No obstante, estudiosos y protagonistas de la propia historia dan una versión muy diferente. Los primitivos retablos de la iglesia parroquial de Santa María y de la capilla del Ecce Homo resultaron destruidos durante los incendios del verano de 1936. Una vez concluida la Guerra Civil, la parroquia noreñense sumó esfuerzos para reconstruir ambos templos, destacando la labor del empresario Justo Rodríguez, suegro a la sazón de Camilo Alonso, que junto a su familia ocupó un papel preponderante en las obras. De hecho, uno de los hijos de Justo Rodríguez, Enrique Rodríguez Bustelo, fue el arquitecto responsable de la reconstrucción de las iglesias, que comenzó en el verano de 1949, tras varios años recaudando fondos.
Para entonces, la parroquia ya contaba con varios retablos adquiridos en las dos parroquias vallisoletanas, adonde el párroco Alfredo Barral había acudido por recomendación del propio Camilo Alonso. Barral, en su artículo «Datos para la historia de la parroquia de Noreña», publicado en el porfolio de las fiestas del Ecce Homo de 1989, señala que la parroquia de Torrelobatón recibió, a través del Obispado de Palencia, 98.000 de las antiguas pesetas por cuatro retablos y unos adornos barrocos (todos para la iglesia de Santa María), procedentes de la iglesia de San Pedro, que en aquella época se encontraba arruinada y se utilizaba como depósito del Servicio Nacional del Trigo.
Tras la adquisición de estos retablos por parte de la parroquia, la Cofradía de Jesús Nazareno volvió los ojos a la provincia de Valladolid para adquirir otro retablo para la capilla del Ecce Homo. En concreto, la cofradía quiso comprar el retablo de la iglesia de San Juan Bautista de Tamariz de Campos. Una comitiva de cuatro noreñenses, entre ellos el propio Alfredo Barral, se desplazó en 1948 hasta la localidad para adquirir los retablos, aunque una vez allí hubieron de entablar una dura negociación con el alcalde de la localidad y el obispo de Palencia. Una vez más, Camilo Alonso medió para que los noreñenses pudiesen adquirir el retablo de la capilla del Ecce Homo, valorado en 7.500 pesetas, así como otro para la iglesia de Argüelles y un crucificado para la iglesia de Santa María. Sesenta años después, el estudioso local José Manuel Fanjul, en su libro «Noreña entrañable», aclaró la intervención del general: «Cuentan ahora tales vecinos, que en tal conversación su alcalde consiguió que don Camilo prometiera la construcción de un cuartel para la Guardia Civil en dicha localidad; cosa que, al parecer, no se cumplió». Como presintiendo el engaño, lo noreñenses decidieron partir del pueblo protegidos por la noche, creando así la leyenda de un supuesto expolio.