JUAN A. LÁZARO
Los ya tradicionales telecentros se han convertido en una referencia obligatoria dentro del espectro de servicios públicos locales. Muros, Soto y Pravia cuentan con sus correspondientes centros de nuevas tecnologías, pero en todos ellos hay un elemento clave entre teclados, ratones y pantallas. El o la responsable de estos dispensadores de información y formación es la parte más importante de todo el entramado tecnológico. La obsesión en buscar soluciones informáticas a la burocracia tradicional nos ha obligado a alfabetizarnos digitalmente o ser ignorados, ya que tras nuestro nombre y apellidos o después de ese nombre que siempre quisimos tener y el DNI no refleja, una arroba nos convierte en una cuenta más. Consultar el SIGPAC, sacarse una licencia o pedir un certificado puede ser una odisea o un placer, en la que una mano amiga es necesaria. Mi oficina se encuentra justo encima del telecentro de Pravia, y antes con Marco y ahora con Elena he comprendido que la tecnología tiene una importante carga de factor humano y que Hal no triunfaría allí ni en 2001. Para ser perfectas, las computadoras necesitarían alma o afines.