CELSO PEYROUX
De vuelta a casa luego de un descanso por la sierra de Alcaraz. Por unos días se había quedado más sola que la una «la Dolores de la copla», acepción personal con la que denomino a la labor cotidiana; esto es, la visión cosmogónica de quien transforma el universo en un mundo de letras: cosmos, chronos, anthropos, psycho, eros y logos o el verbo que se desparrama en renglones sobre los copos del papel. Nada de nuevo bajo el sol o los rayos iridiscentes de Selene, a quien, en noches como éstas, los astrónomos denominan «Luna azul». Por estos valles, monotonía total. Días y nocturnos invernales, sin más. Corazones alegres y otros contritos. Turrones, excesos digestivos y luces innecesarias por todos los pueblos. Las doce campanadas en los carillones de la Colegiata, Riello y el Cébrano, cuyos ecos se fueron perdiendo, como todos los años, por frondas y breñas. Todos a sobrevivir en este pícaro mundo con una tenue luciérnaga verde al final del túnel. Cogidos de la mano la tarea se volverá más fácil. Mirando para atrás por si queda alguien por el camino. Y? otra noche lejana volverá la Luna azul. ¡Feliz año!