Tiñana,
Manuel NOVAL MORO
La parroquia sierense de Tiñana ha sufrido esta Navidad una ola de robos de la que no se han librado ni empresas ni viviendas. Los afectados aseguran que los ladrones no se llevaron ni objetos valiosos ni grandes cantidades de dinero: «Hacen más daño por lo que rompen que por lo que se llevan». Es lo que afirma Nacho Fernández, de Sidra Fonciello, uno de los lagares asaltados por los ladrones, para su desgracia en dos ocasiones.
A mediados de diciembre, entraron por primera vez. «Forzaron la puerta principal con una barra de uña, rompieron una puerta interior y entraron al cuarto de aseo y las taquillas, y subieron a las oficinas y lo revolvieron todo; la primera vez se llevaron dinero, pero sobre todo el problema fueron los destrozos; la segunda vez, cerca de Nochebuena, ya habíamos aprendido la lección, y había mucho menos que robar», explica.
Su intención era, sin duda, conseguir dinero. Aun así, en la última ocasión se llevaron una motosierra, y también una escalera. Esta vez, entraron por una ventana. Lo más probable es que se llevasen las herramientas para facilitar el acceso a otros lugares y perpetrar otros asaltos.
Además, cortaron las líneas de teléfono y también los sensores de movimiento, con la esperanza de que no saltase la alarma, pero sí saltó. En la última ocasión, la Policía llegó cuando los ladrones estaban todavía en la nave, pero les dio tiempo a escapar. Habían abierto un hueco en una valla y roto la alambrada de una finca contigua por la que pudieron entrar y por donde escaparon hasta llegar al vehículo que tenían aparcado en la zona.
Además del lagar, entraron en la gasolinera de Fonciello y en varias casas de las inmediaciones. También entraron en el lagar de Sidra Muñiz.
A pesar del desorden y los destrozos, al parecer, el robo estaba bien estudiado. De hecho, algunos vecinos de la zona habían visto el coche de los ladrones merodear días antes por la zona. Se dieron cuenta después de que se perpetrasen los robos. Esto significa que los asaltantes habían estado estudiando los hábitos de los vecinos y el mejor momento para entrar en cada sitio. Y así lo hicieron, fueron de uno a otro lugar en el momento más adecuado para cada robo.
En todos los casos, con todo, los robos fueron menores. El problema es que se trata de una zona apartada, que a partir de cierta hora apenas tiene tránsito y que resulta una presa fácil para los ladrones. En el caso de los lagares, una vez que están dentro, los ladrones tienen vía libre, ya que en sus inmediaciones no hay gente que pueda escuchar los ruidos y alertar a la Policía. Los vecinos esperan que el hecho de que hayan sido vistos en la zona disuada a los ladrones de volver a intentar nuevos robos.