Grado,
Lorena VALDÉS
A nadie le amarga un dulce y menos un buen piropo. Por eso, los hermanos Ramón y David Montoya de Pravia derrochan halagos cada miércoles y cada domingo en el mercado de Grado para atraer clientas a su puesto de ajos. Ellos aseguran que gracias a este cortejo han salido adelante en estos tiempos «malitos» de crisis.
¡Guapa! ¡Morena! ¡Preciosa! Éstos son algunos de los piropos que los hermanos Montoya repiten en cada mercado. Cada uno tiene su puesto de ajos, a menos de 50 metros de distancia, y al final del día por la caja saben quién de los dos ha piropeado más y mejor. Parece que Ramón gana por goleada. «Es una pasada la forma de camelar a las clientas, aunque no quieran comprar se terminan llevando los ajos, es un motorín vendiendo», dice David, de 15 años, de la labor de su hermano, que tiene 17 años. Cada maestrillo tiene su librillo y estos jóvenes vendedores aseguran que dicen lo que les «sale del corazón». Y añaden: «No traemos nada preparado de casa, pero hay que ser ingenioso y no decirle lo mismo a todas, que luego se enfadan».
Su padre, David, lleva toda la vida vendiendo en los mercados de Asturias y ellos se criaron -como quien dice- en el puesto. De su progenitor han aprendido cómo hay que tratar a las clientas si quieren asegurar la venta. «Nuestro padre siempre nos dice que hay que tener paciencia y que no perdamos nunca los nervios porque, la verdad, hay alguna clienta exigente a la que hay que aguantar mucho, pero la vida del feriante es así», afirman los hermanos.
Además del mercado de Grado, esta familia frecuenta el de Pravia y el de Cangas del Narcea, pero los Montoya coinciden en que las mosconas son las que más se prestan al piropo.
«Siempre nos dan las gracias y dicen que así da gusto comprar. Nosotros les hablamos con mucho cariño para ganarnos su confianza y la verdad es que así conseguimos hacer clientas fijas», explican Ramón y David.
Por delante del puesto de David, en la plaza General Ponte, pasa una posible clienta que duda entre parar o seguir de largo. El joven praviano sabe que es el momento de atacar para que no se le escape. «Señora, que tengo los mejores ajos de Valladolid y Zamora a 3 euros el kilito, pero por preciosa si te llevas dos te los dejo en 5 euros».
La clienta se lleva los dos kilos y se despide del joven con una sonrisa. Él guiña un ojo y sonríe, sabe que, de nuevo, un piropín a tiempo lo ha ayudado a hacer caja.