VICENTE A. MONTES ÁLVAREZ
Hace años oí hablar, refiriéndose a Pola de Siero, de Pola I, Pola II e incluso de Pola III. La cosa no parecía tener mucho sentido, pero ahora empiezo a encontrarle miga. Sí, tal vez haya una Pola IV, la del Barrio de la Luz. En este barrio los vecinos parecen hartos de pedir la intervención policial y apoyo a ediles para evitar situaciones que son una agresión a la paz vecinal. Grupos de adolescentes se dedican a potenciar su natural bravuconería con estimulantes para acabar de perder su ya precario concepto del respeto; hay quienes emulan a Fernando Alonso en el entorno y, hasta parece ser que, en colmo de crueldad animal, se puede quemar un pobre minino vagabundo; y si alguien hace la denuncia, entonces, al más crudo estilo Bronx de los setenta, llegan las amenazas. No hay duda de que los tropezones de la plaza exigen una solución, ni de que el bulevar debe conllevar alternativas viarias que eviten caos circulatorio. Pero el mayor indicador de la eficiencia es la capacidad para conseguir paz y orden y si los competentes no saben, algo habrá que hacer; porque los metros cúbicos de asfalto y hormigón miden otra cosa.