FRANCO TORRE
El «marketing» ocupa cada vez una porción mayor del presupuesto de las películas. Los tráileres son cada día más espectaculares, y las campañas publicitarias, más complejas. «Avatar» costó 500 millones de dólares, de los cuales sólo 230 son de producción, el resto se «invirtió» en publicidad. Si extrapolamos esto a la política, podemos concluir que las obras públicas son el principal «marketing» de los alcaldes, el tráiler de su programa / película. Un auditorio, un centro social o un campo de césped artificial son sus argumentos para la elección. No obstante, si la peli es un bodrio infumable, ni la mejor campaña de publicidad la salvará. «Pluto Nash» costó 100 millones y no recaudó ni cinco. Está muy bien gastarse un pastón en publicidad, y sin duda las obras son necesarias, pero la gente también quiere pasárselo bien y que le cuenten una historia. Si haces muchas obras pero pierdes servicios y vetas el ocio, tu «producción» se irá al garete. Al final, lo que manda es la taquilla, y en política se recauda cada cuatro años.