Noreña,
Franco TORRE
Conciertos sí, pero con civismo. Los noreñenses defienden la continuidad de las actuaciones en directo en los bares del concejo, aunque entienden que deben supeditarse a una actitud cívica, de modo que sea posible preservar estos actos culturales sin acarrear molestias desproporcionadas a los residentes en las cercanías de los locales.
Uno de los vecinos encuestados por LA NUEVA ESPAÑA, Honorino Blanco, sintetiza en sus declaraciones el sentir popular. «Me parece muy bien que haya conciertos en Noreña y no estoy de acuerdo con una posible prohibición. Pero también es cierto que se deben marcar una pauta y un horario para no molestar a los vecinos».
Honorino Blanco entiende que el problema principal que puede plantearse con la música es de volumen y considera que, al fijar unos horarios y unos días para este tipo de actividades, se llegaría fácilmente a un consenso social. «Los conciertos hacen ruido, es algo normal. Pero si los programas un viernes o un sábado, en un horario entre las diez de la noche y la una de la mañana, no tendría por qué haber problemas y los vecinos lo entenderían perfectamente», sostiene.
Una postura en la que ahonda Miguel Blanco, quien también entiende que la solución requiere civismo. «No creo que nadie se queje de manera gratuita. Hay que pensar en los problemas de los que se quejan». Para Miguel Blanco, los conciertos deben continuar, pero se deben eliminar las molestias a los vecinos. «Creo que todo es cuestión de educación cívica, de tener un poco de flexibilidad para que todos podamos convivir».
Por su parte, Cristóbal Suárez considera que el propio Ayuntamiento tiene parte de culpa, debido a su política restrictiva a la hora de ceder las instalaciones municipales para actuaciones en directo. «Cuando no se mueve el Ayuntamiento, se mueven los bares. Ojalá dejaran volver a hacer conciertos en la plaza de abastos. Entonces, en vez de traer un grupo, se traería a tres, y todos tan contentos». Además, Suárez defiende los conciertos como un acto cultural que se debe preservar. «Parece que sólo se puede promover la Noreña gastronómica y culinaria, pero es que esto también es cultura y también atrae a mucha gente a la localidad».
Ése es precisamente el caso de Luis Manuel Pérez, residente en Oviedo, quien frecuenta los bares de la Villa Condal. «Vengo a casi todos los conciertos, ya que en muchos sitios los están prohibiendo». Al igual que Suárez, Luis Manuel Pérez defiende el valor cultural de estos recitales. «Como acto social y cultural, estos conciertos son brutales. No creo que deban desaparecer», manifiesta.
Ese carácter cultural es esgrimido igualmente por Ángel Llera, quien, además, denuncia el doble rasero del Consistorio, que no pone trabas a otro tipo de eventos igualmente molestos. «Prohibir los conciertos en directo no es abogar por la cultura. En el siguiente sarao que hagan, a ver cómo lo venden». Para Llera, la postura del Consistorio no es propia de un Ayuntamiento democrático. «Me parece hipócrita que quieran prohibir estos conciertos y luego hablen de hacer cualquier acto cultural». Llera trae a colación el estribillo de una conocida canción para ilustrar sus argumentaciones: «Ellos dicen: son gamberros. Sí, lo nuestro es política».
Para María Jesús López, la ley debería ser más flexible en casos como éste. «Me parece que la legislación, en este caso, está de más. La cultura es otra cosa». López, quien aclara que «no soy la de Krankl, aunque nos llamemos igual», interpreta que no debería haber ningún problema si todas las partes actúan con moderación. «Siendo todos un poco comedidos, y sin querer fastidiar a nadie, creo que deberíamos llegar a un acuerdo, que podríamos entendernos. Tiene que seguir habiendo conciertos», concluye.
Por su parte, Guillermo Villa introduce un nuevo elemento en el debate. «Al hablar de prohibir los conciertos, la mayor parte de la gente piensa en el público, y eso está bien. Pero también hay que tener en cuenta que muchos músicos, sobre todo los que están empezando, sólo tienen la oportunidad de tocar en locales como éstos que organizan las actuaciones».
Para Villa, esta circunstancia, bien aprovechada por las autoridades municipales, también podría servir para promocionar la Villa Condal y dar un impulso a su espectro cultural. «Ahora que se prohíben las actuaciones en vivo en tantos sitios, ¿por qué no regularlas y promocionar Noreña con estos conciertos?», propone.
«Creo que la legislación, en este caso, está de más. La cultura es otra cosa»
<María José López
>
Vecina de Noreña
«Se debe marcar una pauta, un horario. Los vecinos lo entenderían»
<Honorino Blanco
>
Vecino de Noreña
«Cuando no se mueve el Ayuntamiento, se mueven los bares. Esto atrae a mucha gente»
<Cristóbal Suárez
>
Vecino de Noreña
«Como acto social y cultural, estos conciertos son brutales»
<Luis Manuel Pérez
>
Vecino de Oviedo
«Muchos músicos sólo tienen la oportunidad de tocar en estos locales»
<Guillermo Villa
>
Vecino de Noreña
«Sería hipócrita prohibir los conciertos y luego hablar de hacer actos culturales»
<Ángel Llera
>
Vecino de Noreña