San Román de Candamo,
Lorena VALDÉS
«¡Yo era la más ruina de los siete hermanos, pero ganelos a todos, soy rica en años!». Elena González acaba de celebrar con un sentido del humor envidiable y una enorme vitalidad sus 100 años. La anciana sopló las velas rodeada de familiares y de los compañeros y el personal que a diario la atienden en la residencia de la tercera edad Doña Manolita, en San Román de Candamo. Todos rieron las ocurrencias de esta mujer, de salud de hierro, a la que le preocupa mantener la línea, pesa 39 kilos, y que no descarta echar un novio, si surge una «buena oportunidad».
Elena González nació en el pueblo de Santa Eufemia (Salas) el 6 de enero de 1910 y llegó a la residencia de San Román hace 4 años. «Para descansar y no hacer nada, que ya me lo merezco», sentencia. La idea de convertirse en una anciana centenaria lejos de asustarla le da fuerzas para «seguir disfrutando de la vida». Ella es la alegría de la huerta, según sus compañeros, y asegura con ironía: «Tenía alguna duda de llegar al siglo, pero al final conseguilo». La vida de esta mujer, como la de la mayoría de las de su generación, no ha sido fácil. «Trabajé muchísimo en el campo y con las vacas, hice de hombre y de mujer, era la única hermana soltera y me quedé en casa para cuidar a mis padres, Benigno y Filomena, hasta que murieron. Había días que terminaba agotada, que no podía más, pero nunca me quejé, las penas hay que guardárselas para uno».
Elena disfruta con la visita de sus sobrinos, José Antonio Lerún y María Esther García, quienes reconocen que su tía tiene mejor memoria que ellos. «Está estupenda». La anciana, preocupada como una adolescente por su tipo, argumenta que el secreto de su longevidad está en comer poco. «Siempre quise tener el tipo de Gilda y para eso hay que comer tipo degustación. Si hay fabada, pido que me echen cuatro contadas, ellos se empeñan en que coma más, pero es que tengo poco apetito desde que nací».
Con un siglo de vida, la salense reconoce: «No me casé porque no tuve la oportunidad». Y no echa de menos no haber tenido hijos. «¿Andar yo con un bombo? ¡Nooooo!», exclama muerta de risa. No descarta, eso sí, un noviazgo. «Más vale tarde que nunca, a ver si aparece uno que me llame la atención».
Elena recibe con emoción sus regalos y los muestra a todos los presentes, excepto la ropa interior. «Esto no podéis verlo», comenta con cierto sonrojo.
Sobre sus planes de futuro, la cumpleañera lo tiene claro. «Vaguear, no pienso hacer nada. Aquí me cuidan, me colman de atenciones y estoy encantada».
A sus 100 años, se permite un consejo para las nuevas generaciones. «Con buena conformidad se vive mejor, ¡yo soy feliz!», concluye con una sonrisa.