JUAN A. LÁZARO
Hay dos experiencias en el bajo Nalón que me resultan especialmente interesantes. En tierras de titularidad pública, en las parroquias pravianas de Villavaler y Peñaullán, se ha plantado un puñado de hectáreas con kiwis y arándanos por parte de dos promotores con orígenes en el mismo concejo. Mediante una cesión por unos cuantos años, para que les permita amortizar la fuerte inversión, las entidades públicas ponen a disposición del promotor las tierras para ser cultivadas, a cambio de una razonable renta anual. Por cuestiones profesionales he seguido de cerca todo el proceso para poner en marcha las dos plantaciones y los resultados son excelentes. Parece increíble que una iniciativa resulte buena para todos, ya que unos encuentran acomodo para su inversión y otros ponen en valor sus tierras casi abandonadas. Cuando asisto al fracaso de algunas iniciativas de concentraciones parcelarias, que afectan a tierras totalmente abandonadas, y fracasan por el egoísmo de algunos, impregnados en postulados indefendibles, me paseo por algunas de las dos fincas anteriores y tomo aire con calma.