Lugones,
Manuel NOVAL MORO
Lugones tenía 1.232 habitantes hace cien años. Era un pueblo, como tantos otros en Asturias, habitado por agricultores y ganaderos, en una llanura en torno al río Nora, y parecía estar muy lejos de convertirse en lo que es ahora, la localidad más poblada del concejo de Siero, con 12.801 habitantes y sin apenas vestigios de su pasado rural, más allá de alguna casería dispersa en su extrarradio.
Lugones tiene hoy riqueza industrial y vocación residencial y cuenta con un potencial de crecimiento demográfico aún por explotar debido a su privilegiada situación geográfica y a sus comunicaciones. Está a pocos minutos de Oviedo en tren y por carretera y, también, se encuentra muy bien comunicada con Gijón por los mismos medios. Quizá la comunicación más deficitaria sea, irónicamente, la que une a la primera villa de Siero con la capital del concejo, Pola de Siero.
El crecimiento de Lugones ha estado marcado, en primer lugar, por el asentamiento en su territorio de la fábrica de explosivos Santa Bárbara, fundada en 1880, y por la figura de su promotor, José Tartiere Lenegre, nombrado conde de Santa Bárbara de Lugones, quien, durante años, además de crear puestos de trabajo, construiría viviendas y escuelas para los trabajadores de la empresa.
Con el tiempo se irían asentando en territorio lugonense otras empresas importantes. No obstante, durante la primera mitad del siglo XX el pueblo aún conservaba su carácter eminentemente rural. Fue a partir de los años cincuenta cuando Lugones se convirtió en una villa industrial y cuando empezó a ganar población.
Durante la primera mitad del siglo XX la localidad crecía muy lentamente. Hasta los años cincuenta, cada década ganaba en torno a un centenar de habitantes. Sin embargo, entre 1950 y 1960 el crecimiento se disparó.
Si entre 1900 y 1950 la localidad subió solamente de 1.141 a 1.960 habitantes, en tan sólo una década alcanzó los 3.286 habitantes y, desde entonces, la población ha seguido creciendo sin solución de continuidad hasta nuestros días.
En los años setenta la industria local entró en crisis y muchas de las fábricas señeras de la localidad acabaron abocadas al cierre. Pero Lugones siguió ganando población. La razón fue, sencillamente, que la villa se adaptó a los tiempos cambiando de condición. Lugones fue acentuando desde entonces su carácter residencial y de servicios, aprovechando su buena situación geográfica. Muchas industrias seguían y siguen en pie y los polígonos industriales de los alrededores se han mantenido, pero creció, especialmente, la construcción de viviendas.
El crecimiento demográfico permitió, además, que la villa aumentara su capacidad de decisión en el municipio. Lugones estuvo marginada durante muchos años y, en un principio, el crecimiento demográfico no conllevó un crecimiento parejo de los servicios, de los equipamientos y de las infraestructuras.
Pero esto pronto se iba a acabar. La villa se convertía, debido a su creciente potencia demográfica, en territorio decisivo en las elecciones municipales y, en consecuencia, los sucesivos gobiernos no tuvieron más remedio que hacerle cada vez más caso.
Lugones tiene ahora pendiente la planificación de su futuro inmediato. Se prevé que la villa siga creciendo y se quiere que lo haga adecuadamente, para convertirse en el mejor lugar posible para vivir.