MANUEL NOVAL MORO
Los políticos de Siero cobran poco. Hay que pagar el trabajo, la responsabilidad, la dedicación, etcétera. Sólo así se conseguirá que gente competente se apunte a la política y se dedique a los asuntos públicos. Hasta ahí, completamente de acuerdo.
Pero hay un problema, una perversión estructural. Las listas cerradas. En los carteles electorales sale la cara del candidato, pero la gente vota listas en las que se puede colar de rondón cualquiera, tenga o no capacidad. Además, esa gente suele estar ahí porque apoyó al candidato frente a otras propuestas, por alcanzar un consenso tras una negociación, etcétera. Teniendo esto en cuenta, es muy probable que haya políticos que cobren mucho más de lo que se merecen. Porque el elector sólo tiene la opción de echarlos a todos votando a otra candidatura que casi con toda seguridad tendrá el mismo problema. Es como si en la junta directiva de una empresa hay un par de inútiles y los echan a todos. Una locura. Sin listas abiertas no cabe el despido justo. El que no funciona, a la calle. Eso no se puede hacer hoy en día.
Pero, en fin, quien crea que algún día llegarán las listas abiertas está aviado. Sólo pueden cambiar las cosas el PP y el PSOE, y a ver quién es el listo que mata a la gallina de los huevos de oro. Aquí funciona la máxima que acuñó el gran Nicanor Parra: «La izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas».