FRANCO TORRE
Esta semana quería hablarles de los conciertos de Noreña. Pretendía hacer un paralelismo entre el señor alcalde y cierto productor de Hollywood que rechazaba los musicales, por entenderlos poco rentables. El caso es que, haciendo el texto, me perdí, y, tras tres páginas de divagaciones, decidí dejar el tema para una novela corta. Me puse a rehacer la columna y comencé a escribir sobre las similitudes entre la política en general y la industria del cine, y cómo las mismas obras las venden en clave de comedia, drama o terror dependiendo de si lo hace el partido en el gobierno, un socio o la oposición. Pero volví a perderme, y tuve que dejar el tema por imposible. Quizá lo retome otro día. Al cabo de un par de horas, comprendí que mi falta de concisión se debía a que yo, en realidad, quería hablar de Pepe el Ferreiro, y de su indigno cese al frente del Museo Etnográfico de Grandas de Salime, una institución que de no ser por él nunca habría existido. Parafraseando a Nacho Vegas: «Ahora sí que sí que yo me he perdido».