CELSO PEYROUX
Llamaba a la labor cotidiana dos veces y otras tantas para que los obreros del Pradacón regresaran a sus hogares. El turullu expandía su voz de sirena por todo Entrago y su eco se perdía en los pueblos altos. Personal de los talleres de: mecánica, carpintería, maniobra de locomotoras y de camiones, lavaderos, laboratorio, serrería? iban de su sitio para otro en sus trabajos y era un placer ver tanto frenesí. El canto del gallo se quebró hace muchos años con el cierre de las minas y ya es sólo un recuerdo. Tiempo después -demasiado tarde, tal vez- se han recuperado los edificios y la gran explanada para un polígono industrial para nuevas empresas con varias naves y oficinas. Entiendo muy mal lo de «vivero» y «semillero» que son acepciones aplicadas a las plantas; pero valgan los dos vocablos si con ellos emprendedores y gente joven se deciden ocupar las instalaciones. Nada ha de faltar en los emplazamientos: mobiliario, ordenadores y todo tipo de equipos. Un lujo. Merece la pena. Sólo queda poner el cascabel a los nuevos empresarios para que se animen. El turullu vuelve a convocar con su voz de esperanza.