Grado,
Lorena VALDÉS
Discriminados y cabreados. Así se sienten los comerciantes del barrio moscón de La Cruz ante el agravio comparativo que, según ellos, sufren en relación a los establecimientos de la zona del centro de la villa. Los responsables de estos negocios aseguran que la falta de aparcamiento, de una zona adecuada de carga y descarga y las multas que la Policía Municipal les ha puesto a ellos y a sus proveedores en los últimos meses les han perjudicado en las ventas y les traen de cabeza. Unidos esperan que el Ayuntamiento tome cartas en el asunto y les dé ya una solución.
La colocación de unos pivotes en una de las aceras de la calle Flórez Estrada hizo estallar la polémica, y el malestar de los comerciantes es evidente. «Es una discriminación absoluta que aquí pongan estos pivotes para que los coches no puedan estacionar y en otras zonas comerciales de Grado no. Se está favoreciendo claramente a los comerciantes del centro, hay clientes que nos sugieren que nos cambiemos de local porque no tienen donde parar para recoger los arreglos», explica Francisco Javier Rodríguez, de una zapatería.
María Antonia Blanco, propietaria de una sidrería, considera «injusta» esta situación. «En una reunión que mantuvimos con el alcalde, Antonio Rey, ya le dejamos claro que nosotros pagamos los impuestos como el resto de comerciantes, por lo que no es justo que nos dejen siempre de lado», señaló.
La hostelera afirma que hay distribuidores que les han dicho que como no se solucione pronto este problema no tendrán más remedio que dejar de serviles por temor a las multas que ya les han puesto.
Para Pilar López, de una tienda de puericultura, «los comercios de esta zona están aislados». La comerciante manifestó: «No pueden pretender que un cliente compre un carricoche y tenga que ir con él hasta un aparcamiento al otro extremo de la villa».
La paciencia de los comerciantes de La Cruz está a punto de agotarse. «Antes de quitar aparcamientos hay que pensar en crear unos nuevos, buscar alternativas. La solución a este problema no llega y no somos unos críos, ya no se nos engaña con palabras», concluye Reyes Osoro, de una tienda de electrodomésticos.