Monte Areo (Carreño),
Braulio FERNÁNDEZ
Sus dólmenes tienen entre 3.000 y 5.000 años, según los expertos, y con el tiempo no sólo crecen en antigüedad, sino también en número de bienes, que en su caso son tumbas. La necrópolis megalítico-tumular del Monte Areo es objeto desde el pasado viernes de una revisión administrativa por parte de la Consejería de Cultura para aumentar a treinta y tres los túmulos incluidos dentro de su consideración de Bien de Interés Cultural (BIC). Con ellos se ampliará también el área de interés. Y es que desde 1997, año en que se decretó al Areo como bien cultural, y gracias a las investigaciones llevadas a cabo por el catedrático de la Universidad de Oviedo Miguel Ángel de Blas Cortina, el número de túmulos hallados en la zona se ha incrementado.
En pocos años, la necrópolis, de la cual una parte pertenece al concejo de Gijón, ha pasado de contar con media docena de túmulos registrados a más de una treintena, que en cada uno de los casos pasará a tener la consideración de BIC, con la categoría de zona arqueológica.
El catedrático De Blas Cortina apunta que «el monte fue durante la Prehistoria un importante territorio funerario para las sociedades neolíticas instaladas en el segmento territorial que abarca la región de Peñas y parte de la cuenca central asturiana». Fue declarado Bien de Interés Cultural en 1997 por ser un área de elevado interés arqueológico, y las excavaciones llevadas a cabo sobre el terreno han respondido a las expectativas. «Del uso funerario y ceremonial de este monte se identifican una treintena de monumentos tumulares en distinto grado de conservación», localizados, según las investigaciones del profesor, en las parroquias de El Valle y Guimarán, entre el área megalítica Cierru Los Llanos y el área de Les Huelgues de San Pablo. Se extienden a lo largo de una superficie de 4.300 metros, buena parte de la cual tendrá la consideración de BIC. Se trata, con esa extensión, de la mayor necrópolis de Asturias, y una de las mayores de España.