JUAN A. LÁZARO
Pertenezco a una generación en la que nuestros padres ya nacieron pisando asfalto. Sin embargo, desde que llevo trabajando por, para y desde el bajo Nalón he establecido una curiosa relación con el medio rural y especialmente con las tierras potencialmente cultivables que duermen el sueño de los justos. He estado informándome sobre las controvertidas concentraciones parcelarias, y la verdad es que no he sido capaz de salir del círculo y he vuelto al punto de partida, cansado, desorientado y confuso. Por Pravia tenemos algún ejemplo, más o menos satisfactorio, de iniciativas emprendidas desde la Administración, pero recientemente me he cabreado bastante con otra concentración, esta de carácter privado, que ha fracasado en otro concejo por la oposición de tan sólo uno de los afectados. Debemos reflexionar sobre los conceptos expropiación, interés público y tierras en desuso, y no tener miedo a modificar el marco legal que regula la concentración parcelaria, cuya eficacia es más que cuestionable. Que el Banco de Tierras expida unos cheques de tierras cultivables, ya mismo.