MANUEL NOVAL MORO
Estaban juzgando en Siero a un chico por posesión de hachís y el juez le llamó la atención: que si no podía andar por la calle con ello, que solamente si consumía en casa se libraba de la pena, que tenía que condenarlo, etcétera. El chaval fue tomando confianza y le acabó preguntando al juez cuánto tendría que pagar de multa. «No lo sé, a mi nunca me han pillado», dijo el juez, a lo que el chico respondió: «¡Ay, es que usté ha tenío suerte!». Es cierto que hay gente muy responsable, sin tacha, al menos en la vida pública (un refrán italiano dice que, seas quien seas, tus vicios suman cien), modelos a imitar, al menos en la vida pública (de puertas para dentro hay tantos mundos como personas). Sin embargo, la mayoría estamos en el otro lado. La mayoría cometemos errores, algunos más gordos que otros, y el problema es que trasciendan, que te pillen. Lo humano es lamentar los errores, tanto los propios como los ajenos, y lo normal, pagar por ellos. El Alcalde cometió su error y lo pagó. Y ya está.