MANUEL NOVAL MORO
Ya que para hacer un análisis riguroso de la situación política de Siero necesitaría todas las páginas de este periódico más el magacín dominical y dos o tres fascículos de la «Historia de Asturias dibujada», hablaré de otras cosas relacionadas con el asunto.
En primer lugar, a la vista de las idas y venidas del PSOE local desde hace unos cuantos años, vuelvo a convencerme de la vigencia de Marx, especialmente de una de sus frases más rotundas y determinantes sobre la cosa política: «Éstos son mis principios; si no les gustan, tengo otros». Estoy hablando, por supuesto, de Groucho. El tufo a surrealismo que desprende la palabra Siero desde hace ya demasiado tiempo hace que los ciudadanos de esta parte del planeta nos olvidemos de su bonanza económica, su situación estratégica, su proyección y todo ese rollo y pensemos únicamente en cuándo llegará el día en que reine la normalidad y esta especie de no-lugar en el que habitamos tenga algún tipo de referente que no sea un escándalo o una ocurrencia disparatada.
Siempre he suscrito la frase de Lord Acton: «El poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente», y ahora me asusta verme deseando que venga un salvador en su caballo blanco y arrolle en las elecciones y acabe de una vez con chantajes minoritarios, peleas internas y demás lastres. Esto mete miedo.