Candás,
Braulio FERNÁNDEZ
Los niños del Colegio Poeta Antón que se quedan a comer en el centro permanecen sin ningún tipo de control durante una hora y media, denuncian los padres de los alumnos, que reclaman que Educación corrija esa situación, tal y como sucede en otras comunidades autónomas.
El Colegio Poeta Antón de Marirreguera de Candás es el único del municipio que cuenta con un comedor. Pero lo que nació como un logro social para liberar a los padres al mediodía de la custodia de sus hijos, se ha convertido en un servicio que genera dudas y sobre el que la Asociación de Padres del colegio candasín cree que hay un vacío educativo legal. Los alumnos comen en el colegio, pero no es horario lectivo, por lo que no están atendidos por el personal docente. Por otra parte, los encargados del catering limitan su labor a realizar este servicio.
El comedor del Poeta Antón tiene niños de 3 a 12 años de edad. «Contar con un servicio de comedor escolar contribuye a conciliar la vida familiar y laboral, y nos consideramos afortunados quienes podemos hacer uso del mismo, pero no podemos pasar por alto que tiene carencias notables», explican varios padres del AMPA y el consejo escolar del centro candasín. «El servicio de comedor no cubre todo el período lectivo, no promueve la educación de hábitos de alimentación saludables y no cuenta con personal especializado o formado para trabajar con niños», puntualizan los padres. Según dicen, se trata de un sistema distinto al de otras comunidades autónomas.
«La actividad del comedor escolar se desarrolla en terreno de nadie porque no es lectiva y, por tanto, no interviene el profesorado del centro», dicen. Está llevada a cabo por empresas contratadas por el Principado y a sus trabajadores no se les exige ninguna formación, y «aunque realizan su trabajo lo mejor que pueden, ni siquiera tienen instrucciones concretas de lo que deben hacer». Además, los centros escolares no pueden intervenir, «porque este personal pertenece a empresas externas».
El problema es que, según denuncian estos padres, los niños comen en media hora, disponiendo de otra hora más hasta el comienzo de las clases en la que no son vigilados por nadie. «En el tiempo que dura la actividad del comedor es donde más conflictos, agresiones y situaciones de acoso escolar se producen entre los niños», algo que ya requiere de por sí de una especialización durante el tiempo estrictamente escolar.