FRANCO TORRE
En apenas una semana Trevín se ha paseado por Siero dos veces, y Areces ha visitado los polígonos de Asipo y Silvota. Se nota que se acerca el período electoral. Llega la época de las promesas vacías, de los proyectos de cartón piedra. Siento un gran desencanto con nuestro sistema político: los partidos se han cargado la democracia, que ha devenido en una «partitocracia» en la que sólo cuentan los lameculos, los dóciles. Los «hombres de partido», cuyo único mérito reside en pagar una cuota mensual, han usurpado el lugar de las personas realmente válidas. Ya no quedan estadistas. El día de mi boda regalé a los invitados un libro. A un tercio de los asistentes les tocó «Bartleby, el escribiente», de Herman Melville. Trata de un copista que trabaja en una notaría de Wall Street. Un día su jefe le hace un encargo, y él, serio como sólo puede serlo un notario, responde: «Preferiría no hacerlo». Nunca más vuelve a hacer nada. Cuando los carteles electorales me tapen la luz del sol, invitándome a votar a éste o aquel partido, recordaré a Bartleby.